lunes, febrero 09, 2015

Pedagogía socrática: la importancia del autoexamen y la argumentación


¿Qué “Calidad Educativa” necesita nuestra sociedad? ¿Es posible imaginarla con personas que son objeto de diversas manipulaciones? ¿Qué rol debe cumplir el pensamiento crítico, la “capacidad de razonar”?

La capacidad de argumentación —valorada enormemente dentro del pensamiento socrático—, es uno de los pilares sobre los que se construye la democracia. Desafortunadamente, en un mundo orientado a maximizar el crecimiento económico, este ideal socrático se ve en serias dificultades. En primer lugar, porque se considera que la capacidad de pensar y argumentar autónomamente es algo de lo que se puede prescindir, y en segundo lugar, porque la tendencia a la estandarización de la evaluación impide apreciar el desarrollo de esta capacidad socrática.

El autoexamen —aunado a la capacidad de razonar—, permite a las personas tener claridad en sus objetivos e independencia de criterio (no ser un sujeto fácilmente influenciable y manipulable), e invita a respetar el criterio de los otros. La capacidad de autoexamen, de discernimiento y de argumentación, forman parte de la cultura política en las sociedades democráticas, en cuyo contexto juegan un papel fundamental la cultura del disenso individual y la cultura de la responsabilidad, ante las ideas y los actos propios. Esto es aún más significativo en aquellas sociedades —como la colombiana—, donde hay diversidad de etnias, religiones, tendencias ideológicas y tradiciones, en general.

Para la autora, el pensamiento socrático debe abordarse desde edades tempranas, reflejarse tanto en los contenidos curriculares como en las metodologías pedagógicas y sistemas de evaluación, sin dejar de lado que se requiere su presencia en el ethos de la institución misma.

La defensa que hace Nussbaum de la presencia del pensamiento socrático en la educación se basa, en gran medida, en los aportes de John Dewey y Rabindranath Tagore. El primero de ellos, defiende el pensamiento socrático por considerar que los métodos educativos convencionales generan pasividad en los alumnos, lo cual es «fatal para la democracia, ya que ésta no puede sobrevivir si sus ciudadanos no son seres activos en estado de alerta». Por ello, Dewey invitaba constantemente a: (a) transformar el aula en un «espacio del universo real» donde se debatan problemas de la vida misma y se logre que los alumnos sean personas activas, desarrollen sus capacidades intelectuales, asuman posturas frente a problemas de la vida real e interactúen con los demás; (b) fomentar actividades cooperativas que permitan el aprendizaje de la ciudadanía a partir de la realización de proyectos en común con un espíritu a la vez crítico y respetuoso, y que además estimulen la valoración de las labores manuales y los oficios. En resumen, en esta propuesta los niños y las niñas no asumen una actitud de receptores pasivos «sino que aprenden mediante su propia actividad (social)».

La propuesta pedagógica de Tagore, por su parte, se caracterizó por: el cultivo de la capacidad de comprensión y de integración para el avance de la humanidad mediante una educación que coloque el acento en el aprendizaje global y la autocrítica propuesta por Sócrates; conceder importancia central a las artes para el desarrollo pleno de la personalidad; rechazar las «tradiciones inertes y restrictivas que impedían a los hombres y mujeres desarrollar todo su potencial humano»; defender las libertades individuales; fomentar la capacidad de pensar por sí mismo y de participar en las decisiones culturales y políticas; mostrar sensibilidad ante la carga desigual que suponían las tradiciones para las mujeres; defender la atribución de poder social a las mujeres. En cuanto a la implementación de estos principios, la escuela de Tagore se distinguió por la realización de clases al aire libre, un programa curricular totalmente atravesado por las artes y las disciplinas humanísticas, la preeminencia de la mayéutica socrática y la incorporación de la dramatización como método para fomentar el pensamiento socrático.

Infortunadamente, según el diagnóstico presentado por Martha Nussbaum, el ideal socrático está muy cerca de desaparecer: las naciones democráticas de distintas partes del mundo le están restando valor e importancia a aquellas «aptitudes y capacidades indispensables para conservar la vitalidad, el respeto y la responsabilidad necesarios en toda democracia», pero que resultan antagónicos al modelo de desarrollo que pone énfasis en la rentabilidad.

Para la autora, es necesario que el pensamiento crítico se incorpore a la metodología pedagógica de las distintas asignaturas; lo cual implica, entre otros, enseñar a los estudiantes a recabar información de diferentes fuentes, evaluar la validez y pertinencia de los datos obtenidos, elaborar trabajos escritos con argumentos fundamentados y contrastar tales argumentos con los que se presentan en otros textos. Sumergirse de manera activa en el pensamiento socrático exige el dominio de las estructuras argumentativas, aplicando dicha experticia en debates al interior de las clases y en la redacción de escritos que han de ser evaluados cualitativamente por los profesores. En este punto, yo agregaría lo siguiente: estas actividades que permiten desarrollar en los estudiantes el ejercicio de la ciudadanía y la interacción política respetuosa, van de la mano con la promoción de un alto grado de adscripción a la cultura escrita, a sus distintos cánones y a los conocimientos procedimentales que le son propios.

Todo ello, señala Nussbaum, requiere que se trabaje con grupos pequeños, para permitir la interacción entre estudiantes y profesores, la evaluación cualitativa de las interacciones en el aula y de los escritos de los estudiantes, con comentarios que retroalimenten la capacidad de argumentación crítica.




Extraído de:
Educación significa “educación para la ciudadanía democrática”
Giovanna Carvajal Barrios
Profesora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle. Comunicadora Social y Licenciada en Música, Magíster en Comunicación y Diseño Cultural. Actualmente realiza el doctorado en Ciencias de la Educación de Rudecolombia-Universidad Tecnológica de Pereira.

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