martes, agosto 14, 2012

Modelo Neoliberal de Calidad en Educación

El modelo neoliberal en Educación consiste en poner todos los recursos a disposición del “Mercado”, quedando ella como una mercancía más. Por lo tanto la idea de calidad está relacionada con la eficiencia en el uso de recursos, que permite pagar menos impuestos y en definitiva ser “más competitivo” en el concierto mundial. Este modelo deja huellas como ¿Qué significa “Cultura del esfuerzo”? ¿Quién debe conducir la Educación? ¿Educadores o administradores?...



Nos encontramos actualmente ante una fuerte propagación del modelo neoliberal en nuestras sociedades, que no solo impregna los sectores políticos, sino que se introduce en cualquier tipo de ámbito susceptible de ser influenciado con expectativas socioeconómicas, siendo el campo educativo una prioridad en nuestros días ante una globalización cada vez mayor, que invade las culturas sin pararse ante nada.


Así pues, desde este enfoque, podemos ver como el neoliberalismo apuesta por una acción del gobierno minimizada hasta el extremo en la economía, viendo que “El Estado no es la solución, es el problema” (Sánchez Torrado), por lo que se intenta reducir al máximo la influencia de los gobiernos en las decisiones socioeconómicas. Así pues, nos encontramos ante un término bien conocido en las políticas neoliberales: “desregulación”, procedente de una economía política y que se emplea para hablar de una ausencia de implicación del estado en la organización tanto de la economía como del trabajo, donde las escuelas tendrían que competir por una cuota de mercado, estando bajo el control de un sistema de evaluación externa.


El neoliberalismo apuesta por una tesis en la que la educación sufre una profunda crisis interna debido al estado asistencialista, por lo que el sistema neoliberal agudiza los controles administrativos y de inspección para así incrementar la productividad del profesorado, para lo cual, nos encontramos ante unos sistemas escolares que cada vez se integran más en la acción y visión industrial, siendo vistos como recursos que buscan obtener capital humano, para la “creación de trabajadores y trabajadoras dóciles” (Apple).


La tesis de Becker, entiende que hay una correspondencia lineal entre desarrollo educativo y crecimiento económico, filosofía que influyo fuertemente en los años 50 y 60 en un desarrollo cuantitativo del sector educativo. Sin embargo, nos encontramos actualmente ante una tesis diferente, en la que el modelo neoliberal parte de un modelo cualitativo, una vez superado el ciclo cuantitativo de una educación para todos, donde organiza sus discursos entorno a una idea de “calidad” de los sistemas educativos (Angulo Rasco), calidad entendida como una cultura del esfuerzo y descontextualizada de las desventajas de origen, en la que el concepto de escuela pública, según la OCDE solo habrá de “asegurar el acceso al aprendizaje de aquellos que nunca constituirán un mercado rentable y cuya exclusión de la sociedad en general se acentuará a medida que otros van a continuar avanzando”, surgiendo así diferentes planteamientos, tales como la utilización del bono o cheque escolar, donde se plantea la escuela a la carta, una escuela competitiva y al servicio del mundo empresarial y socioeconómico.


El mundo del mercado y de las finanzas percibe la educación como un bien privado por el que los individuos deben de pagar. Para ello debe de obligarse a las instituciones desde éste punto de vista, a competir entre si, con el fin de lograr la eficiencia; lo que se traduce en un descenso de la intervención estatal y un incremento de la intervención privada (Connell).


El neoliberalismo está muy interesado en el control de la educación, sin embargo, este interés no viene dado fundamentalmente por el beneficio económico que pueda dar a la empresa privada, sino más bien su interés viene dado por la transmisión y reproducción que las escuela puede dar de determinados valores y concepciones culturales, por lo que el fin de las políticas neoliberales no es tanto una privatización de la escuela pública, como una gestión privada mediante una financiación pública (Carbonell Sebarroja), todo esto también influenciado por el hecho de la imposibilidad material de privatizar el servicio educativo, lo cual lleva a los políticos neoconservadores a querer empresarializar el sistema mismo, buscando así una forma de control de los valores y pautas sociales que se transmiten a través de la escuela.


Sobre cómo actuar contra las causas estructurales de la pobreza, el neoliberalismo no dice nada al respecto, dado que lo que realmente es importante en una corriente neoliberal es la economía y su crecimiento, dejando desamparados a los que no tienen acceso a ellos y no favoreciendo las condiciones oportunas para su acceso, por lo que sobre la calidad de lo que sucede en las aulas y de las condiciones sociolaborales de quienes trabajan en ellas se habla poco cuando se persigue la calidad y la rentabilidad educativas, para lo cual, tal como dice Wraga, el fracaso escolar viene dado por centrarse demasiado en unas metas académicas, dejando de lado otro tipo de metas tales como el desarrollo crítico y los valores sociales y democráticos, de los cuales se aprovechan las políticas neoliberales para servir una calidad total como solución y escuelas a la carta, aunque solo para unos pocos.


La derecha y las políticas neoliberales han entendido bien que una parte de la lucha por la hegemonía consiste en luchar por el sentido común, por lo que han hecho de la democracia no un concepto político, sino un concepto económico, donde las familias eligen escuelas privadas, y así los niños/as se convierten en mercancías con las que se busca rentabilidad (Apple). Esto hace a la sociedad servidora del mercado y sus designios, olvidando que es el mercado el que debe de estar al servicio de la sociedad (Polo Fernández), de tal modo que el capital se mueve a base de desintegrar valores y no de reforzarlos, midiéndose estos valores a través de la utilidad que tienen para ese mercado al que ha de servir. Todo ello da lugar a que el éxito de las políticas neoliberales lleven a afirmar a las familias “Sí, desde luego estamos a favor de la democracia”, pero una democracia que equivale a poder elegir entre productos (Apple).


“Posmodernidad –afirman Robin Usher y Richard Edwards- describe un mundo en el que la gente tiene que proceder sin referentes fijos y puntos de anclaje tradicionales. Es un mundo que cambia rápidamente, inestable, donde cambia el conocimiento y los significados flotan sin las fijezas teleológicas tradicionales que le proporcionaba fundamento y sin la creencia en el progreso inevitable”. Así pues, estamos en la era del conocimiento y de la comunicación, donde la política posmoderna tiende a ser una política de procedimientos; asume que una vez que estemos comprometidos, automáticamente responderemos de alguna manera a la cuestión de qué conocimientos son los más importantes. En cambio, la derecha política dice: “Aquí está lo que debes enseñar” (Apple), para la cual, las escuelas-empresas han de producir dos valores claves para evaluar la calidad: efectividad y eficiencia, que se convierten así en la referencia básica para la elección del consumidor.


En una cumbre de educación convocada por Bill Clinton, y en relación a los nuevos tiempos con los que le toca lidiar a la educación, se fijó que “la educación se ha convertido en una cuestión demasiado importante para dejársela a los educadores”. Qué ironía no contar con los educadores en la difícil tarea de educar, pensando que son meros reproductores y a ellos no les atañe la educación. Con frases como está, ya no se intentan ocultar las políticas neoliberales o neoconservadoras, tal es el caso de una publicación del Centro de desarrollo de la OCDE, donde Morrison Christian, especifica una serie de indicaciones a los gobernantes tales como “Si se les disminuye los gastos de funcionamiento a la escuela y universidades, hay que procurar que no disminuya la cantidad de servicio, aún a riesgo de que la calidad baje. (...) Esto se hace primero en una escuela, luego en la otra, pero no en la de al lado, de tal manera que se evita el descontento generalizado de la población”. De esta manera tan precisa y abierta, se dejan ver las intenciones neoliberales, que buscan un aprendizaje a lo largo de toda la vida para tratar de formar una mano de obra que tenga un nivel de instrucción elemental, pero capaz y deseosa de adaptarse a los cambios tecnológicos e industriales, para seguir siendo productivos y empleables.


Así pues, en la línea de Connell, puede verse que la aparente eliminación de la desigualdad social en las instituciones educativas no es mas que un espejismo, reflejo de políticas seleccionadoras recubiertas de la dorada capa de la “Calidad”, donde con medidas como la zonificación, distribución de los alumnos en diferentes niveles curriculares y centros, pedagogías y currículo inflexibles, unos sistemas de exámenes sesgados y una reducción de la oferta educativa en los niveles superiores, se está procediendo a desmantelar el estado del bienestar bajo la bandera del neoliberalismo dentro de una posmodernidad mal entendida.





Extraído de
¿EN BUSCA DE LA CALIDAD PERDIDA?
Daniel Carlos Briet Planells
Universidad de Almería (España)





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