Los siguientes
párrafos tratan sobre “Calidad de la Enseñanza”, concepto que no se debe
asimilar al de “Calidad Educativa”, pero ¿Podemos hablar de calidad de la
enseñanza, sin hacer referencia a la contextualización? ¿Tiene esta idea
connotaciones políticas? ¿Se debe enseñar de la misma forma en todas las escuelas?
En la actualidad el término “Calidad” es una palabra en boga
que todo el mundo utiliza para hacer referencia a cualquier sustantivo
susceptible de llevar un adjetivo, pero ¿No es necesario contextualizar la calidad
según el ámbito en el que nos movamos? Así pues, es deseable saber a que nos
referimos cuando hablamos de calidad, y aún más cuando la definición a la que
lleguemos afectará a los hijos de la sociedad y su futuro.
Si buscamos el origen de la palabra “Calidad”, vemos que
procede del latín, encontrando que “Calidad” y “Cualidad” tienen la misma raíz
latina (qualitas, qualitatis), pudiendo apreciar de este modo que son las
cualidades las que llegan a determinar la calidad del sustantivo al que nos
referimos.
Contextualizando el término “calidad” en el ámbito
educativo, podemos afirmar que el significado que se le asigne al término
“calidad de la enseñanza” vendrá dado por las diferentes ideas que existan de
enseñanza y del contexto del que parta cada cual a la hora de interpretar,
teniendo en cuenta que en ningún caso puede entenderse como una significación
simple y reducida que se pierda entre intereses de diferente índole, doctrinas
o circunstancias socioculturales y laborales que favorezcan a terceros. Así
pues, el término de calidad debe de una forma diferente, es decir como una
expectativa que se trata de conseguir con el tiempo, ayudándonos para ello de
la “cultura organizativa “que existe y de una “mejora continua” que permita ir
avanzando hacia un fin común, de tal modo que se haga necesario un trabajo
compartido y común.
Continuando con el concepto de calidad, podemos entender
ésta como un proceso enmarcada en una idea global, cuyo principio de actuación
no esté dirigido a conseguir productos rápidamente, sino más bien encaminado a
las formas de hacer las cosas para conseguir unos buenos resultados
contextualizados, de tal forma que el hecho de optimizar la calidad de la
enseñanza debe encaminarse hacia la mejora de los programas de trabajo que cada
centro escolar a de generar, aplicar y valorar, para que dicha calidad de la
enseñanza cobre vida y logre ser contextualizada y puesta en práctica, dado que
un gran problema dentro del estudio de la calidad educativa es el hecho de que
vaya a “remolque” de las experiencias e ideas que se desarrollan en el mundo
empresarial, lo cual nos lleva a adoptar estas últimas como solución a los
problemas de la educación sin tomar en cuenta su idiosincrasia y desventajas de
partida.
Dependerá desde la forma en que se entienda la idea de
calidad, lo que entienda por una escuela eficaz o no, la cual no debe de venir
dada por un conjunto de variables que estén dispuestas de forma aislada o
lineal, todo lo contrario, por una red de interrelaciones entre factores, que
den lugar a un sistema de funcionamiento escolar que se enmarque en un contexto
determinado, dando lugar a unos resultados educativos que sean satisfactorios,
de tal modo que la eficiencia no esté en conseguir un buen producto a partir de
unas buenas condiciones de entrada, sino en hacer progresar a todos los alumnos
sea cual fuere su contexto, para lo cual es necesario la reflexión sobre la
cultura del centro mediante la negociación de un “contrato de calidad” por
parte de todos los componentes del proceso educativo para así definir cual es
la misión a llevar a cabo y cual debe ser la visión de futuro de la
organización para llevarla a cabo (Álvarez).
Cuando hablamos de calidad de la enseñanza, debemos pensar
automáticamente en qué tipo de sociedad es la que queremos, buscando una
enseñanza que no solo se centre en una transmisión y narración de conocimiento,
sino que también piense en una producción y creación de conocimiento, dado que
desde aquí podremos apuntar hacia una calidad de la educación y no una
educación para la calidad (Álvarez Méndez).
El informe elaborado por la UNESCO y titulado “La educación
encierra un tesoro” apuntaba hacia un aprender a aprender y aprender a convivir
como única manera de conseguir una escuela adaptada a los nuevos tiempos, sin
embargo, tal como Max Weber decía, la escuela es una institución hierocrática
que dispensa bienes de salvación tales como credenciales, títulos y diplomas,
tal es el caso en la actualidad, que en Educación Infantil y Primaria es donde
más se notan las presiones de los padres a favor de una enseñanza más
academicista, por lo que podemos ver como el mundo empresarial y las
acreditaciones son un hecho que influye en la escuela desde muy temprana edad,
y que impregna a la sociedad y sus demandas, lo cual nos lleva a un debate de
la bondad de la educación, en la que no debe de caerse en la simplificación del
éxito y fracaso escolar, sino relativizar su valor a la hora de hablar sobre la
calidad de la educación (Gimeno Sacristán).
Actualmente, junto al concepto de calidad educativa, suelen
aparecer unidos al mismo los indicadores, en este caso indicadores de
rendimiento, que tal como apunta John Elliott, son un dispositivo para
establecer una tecnología de vigilancia y control sobre el rendimiento de las
escuelas y de los maestros que trabajan en ellas, no pudiendo ser estos
indicadores de calidad, puntos de referencia fijos dado que desvincular el
proceso educativo de su contexto y de sus valores no puede ser garantía de
calidad, sino que debe de enmarcarse en una mutua comprensión que se alcance a
través de un discurso reflexivo sobre la evidencia del rendimiento (Elliott).
Así pues, tal como indica Tiana, “... los
indicadores de resultados deben ser contextualizados. Esto requiere decir que
no se pueden valorar los logros de un centro con justicia sino se tienen en
cuentan las condiciones en las que trabaja”, donde el valor añadido
educativo, es decir, lo que la escuela aporta a cada alumno cuando tiene en
cuenta su rendimiento inicial, su historial y situación, es esencial, dado que
la característica de la escuela a de ser un proceso intencional y planificado,
en el que esté implicado todo el centro y el claustro en su conjunto (Murillo
Torrecilla), por lo que aspectos como los aprobados y las notas son indicadores
capaces de transmitir información, pero solo información que responda a lo que
se le exige al alumno, estando fuera de discusión el contenido y nivel de lo
exigido, su contexto y su proceso inicial (Gimeno Sacristán), por lo que en la
medida en que la enseñanza esté orientada al examen, fallará la calidad
(Stenhouse), por lo que habría que evitar que fuera la demanda del mercado la
que establezca el tipo de educación que vamos a tener, y lograr mayor
participación en las escuelas, pues tal como indica el informe Pisa de la OCDE,
presentado en diciembre de 2001, que analiza los resultados educativos en 32
países, señala que los países donde hay una mayor participación de la comunidad
educativa son los que obtienen mejores resultados, recordando a su vez que el
artículo 9.2 de la Constitución española afirma “Corresponde a los poderes
públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del
individuo y de los grupos en los cuales se integra sean reales y efectivas;
remover obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la
participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural
y social”, dado que la decisión política se convierte muy a menudo en una
cuestión de pericia técnica y no de valores sociales, reduciendo la calidad a
indicadores, dando lugar a que la competitividad económica se traslade a la
competitividad educativa y la productividad a los resultados del sistema de
enseñanza (Angulo Rasco). Así pues, en palabras Félix Angulo, “La calidad es un
problema de todos y no solo de expertos y administrativos. Necesitamos
información relevante y diversificada sobre el funcionamiento de nuestro
sistema educativo. Pero no podemos aceptar y asumir sin paliativos que la
información relevante y pertinente sea aquella que expertos y administrativos
nos quieran presentar como tal, para lo cual la mejor forma de sortear la
eficaz indefinición de la calidad es definirla en cada caso, no dejando que las
formas que adopten el atributo nos oculten lo sustantivo.
Extraído de
¿EN BUSCA DE Daniel Carlos Briet Planells
Universidad de Almería (España)
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Teorías del aprendizaje
1 comentario :
lA CALIDAD ES UNA PALABRA MÁS NUEVA DE LA QUE ALGUNOS CREEMOS Y DESDE EL MOMENTO EN QUE LA ENMARCAMOS EN UN CONTEXTO EDUCATIVO, LA CALIDAD ES TAMBIÉN INNOVACIÓN EDUCATIVA.
LA CALIDAD ES UN ADJETIVO QUE SE DEFINE POR SI MISMA PARA ALGUNOS PRODUCTOS, MARCAS,MATERIALES ETC.
lA CALIDAD EDUCATIVA PODRÍA SER LA QUE EL APRENDIZAJE NOS OTORGA A NIVEL CULTURAL Y SIGNIFICATIVO, DEFINITIVAMENTE LA METAFORA QUE SE ME OCURRE AQUÍ,ES QUE EN LA CALIDAD NO ESTA LA CANTIDAD DE LA QUE TODOS BEBEMOS, LA ÉTICA,LA FE LOS VALORES QUE NOS PUEDA APORTAR EN EL DÍA A DÍA PARA EL DESARROLLO Y PARA DESENVOLVERNOS EN UN MUNDO CADA VEZ MÁS GLOBAL.
UNA HIPOTESIS NADA MÁS .
SALUDOS
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