jueves, febrero 16, 2017

ENSEÑAR A APRENDER

 Es clave comprender cuáles son las motivaciones de los niños y jóvenes actualmente, para reconocer los nuevos desafíos que le corresponde al maestro como inspirador, motivador y mentor.

Muchas veces nos preguntamos ¿cuáles son las motivaciones de los niños y jóvenes del siglo XXI?, ¿qué los lleva a actuar de la manera en que lo hacen y a tomar sus decisiones? ¿Cuáles son sus intereses y qué es lo que los mueve?
Estas preguntas las consideramos de gran relevancia para poder entender el rol activo que tienen los estudiantes en su aprendizaje, y para reconocer -al mismo tiempo- los nuevos desafíos que le corresponde al maestro como inspirador, motivador y mentor.
En un artículo anterior hablábamos de la importancia de que, dentro del contexto actual, el maestro sea ejemplo vivo para sus alumnos (lee aquí el artículo). Es decir, una combinación entre el conocimiento, las capacidades y un ser humano íntegro, integral y ético que inspire a quienes enseña. En esta ocasión, para complementar esta visión, queremos hablar de la importancia del rol del estudiante en su aprendizaje, y de uno de sus principales interlocutores: el docente como catalizador de este proceso.
Hoy niños, niñas y jóvenes están creciendo en una era con referentes distintos, en una cultura digital, con fácil acceso a grandes cantidades de información. Hoy su desarrollo se hace bajo un concepto diferente de tiempo y espacio, de cambios constantes y muy rápidos, con nuevas formas de comunicación y aprendizaje que mezclan imagen, palabra y sonido.
Es en este contexto donde cada vez cobra mayor importancia el planteamiento de enseñar a aprender, que parte de depositar la confianza en el estudiante y en su capacidad de construir su propio conocimiento y organizar sus estructuras mentales; reconociendo que lo que éste requiere para propiciar su desarrollo, son ambientes abiertos de aprendizaje significativo que lo orienten a aproximarse a esa gran cantidad de información disponible, de manera que desarrolle su capacidad de recoger todo lo que está recibiendo y pueda integrarlo en pro de su beneficio personal, el de su entorno y el de la sociedad en general.
Enseñar a aprender no se trata sólo de pasar el conocimiento que se tiene, no es únicamente transmitir un saber. Es ayudar a que el alumno, ávido de conocimiento y con muchas preguntas, aprenda por él mismo. Más que transmitir información, se trata de contagiar el amor por el conocimiento, de motivarlos y guiarlos. Es desarrollar la capacidad en el alumno de acceder, gestionar, analizar y aplicar eficazmente la información. Es tener la capacidad de valorar los aportes de los estudiantes y promover que compartan sus ideas e inquietudes, para inspirarlos a partir de sus propios descubrimientos e interrogantes.
“Enseñar a aprender es ayudar a que el alumno, ávido de conocimiento, aprenda por él mismo…donde el maestro es quien cataliza, abona, orienta e inspira este proceso”
Se trata de acompañarlos en la creación de aprendizajes significativos para su vida y para su entorno social, creando las oportunidades para que explore, experimente, indague y descubra. Pero para lograr esto, el maestro además de entender cómo funcionan los factores que forman parte de los procesos cognitivos del alumno, debe hacerse las preguntas que mencionamos al inicio de este texto, y abrirse a la posibilidad de comprender el porqué del comportamiento del estudiante actual, para saber aplicar las estrategias adecuadas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Desde esta perspectiva es el propio estudiante quien produce su aprendizaje y el maestro es quien cataliza, abona, orienta e inspira este proceso. Un aprendizaje que emerge en un ambiente de confianza, libertad, autonomía, liberado de presiones y represiones, facilitando que la creatividad surja y permitiendo que el estudiante sea más partícipe y responsable de su propia formación.
Sin embargo, nos queda una pregunta final, ¿qué tanto las formas actuales de gestión de la educación en nuestro país y de la medición de los resultados están ayudando a que estos cambios se gesten en el aula de clase?



Por: Ángela Escallón Emiliani
Fuente artículo: http://compartirpalabramaestra.org/columnas/ensenar-aprender


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