lunes, febrero 16, 2015

Educación significa “educación para la ciudadanía democrática”



En esta publicación, la autora sintetiza sus argumentos sobre el sentido que le da al término “Educación”, considerada esta como un aporte a la construcción de una ciudadanía democrática ¿Cuáles son las diferencias que plantea con respecto a la construcción hegemónica?

A partir de los planteamientos de Martha Nussbaum y de Boaventura de Sausa Santos, he derivado una serie de aserciones con el fin de contribuir a la reflexión sobre el sentido de la democracia, los fines de la educación y la urdimbre de relaciones entre educación y democracia, en un mundo globalizado y bajo la presión de las políticas neoliberales. Más que conclusiones, son puntos de llegada (o de partida) para alentarnos a tomar parte activa en la solución de una crisis que nos involucra a todos, que requiere de nuestro concurso en los distintos escenarios donde se construye día a día una educación que no puede serlo sino desde el horizonte del fortalecimiento de nuestras democracias.

1. La democracia no está dada por siempre y para siempre. La democracia es un legado que se construye y se fortalece permanentemente. Uno de sus mayores riesgos es que en el horizonte de las libertades individuales se pierda de vista la justicia social, la igualdad de derechos y la autonomía de pensamiento, como garantes de las relaciones democráticas.

2. El problema de la democracia —de su fortalecimiento y permanencia—, no se cifra en las fronteras de lo nacional. Nussbaum y Santos coinciden al señalar la necesidad de no restringir nuestra mirada a lo local-nacional, sino de abrirnos al mundo; pero en un sentido distinto al propuesto por la globalización neoliberal, de tal manera que la reciprocidad, el respeto y el interés genuino por los otros tengan cabida.

3. El proceso que desencadenó la crisis de la universidad como bien público descrita por Santos, es consecuencia del predominio del paradigma hegemónico de desarrollo y del modelo de educación para el crecimiento económico que está minando la democracia y la educación para la ciudadanía.

4. El modelo de educación para el crecimiento económico es antagónico frente a los valores y metas de la democracia.

5. La democracia le cuesta (y por tanto le resta) a la rentabilidad y a la competitividad. El trabajo con grupos pequeños y las metodologías personalizadas, la implementación de mecanismos cualitativos de evaluación donde la retroalimentación constituye un componente básico, la realización de proyectos cooperativos que involucren expresiones artísticas, la generación de espacios para la discusión y el debate razonado, la ampliación del acceso a la universidad por la vía de las becas y no por el de los préstamos, la promoción de redes de cooperación de instituciones públicas a nivel global y local, la asignación razonable de funciones para los profesores donde prime lo académico sobre lo administrativo, la financiación de proyectos de investigación y de extensión por fuera de los criterios del impacto y la rentabilidad, entre otras acciones; significan sacrificar la ganancia monetaria en aras de los réditos para el fortalecimiento de la democracia de las naciones en el concierto para una globalización alternativa o contrahegemónica.

6. El afán de las naciones por el crecimiento económico hace que nos desinteresemos del rumbo que está tomando la educación y como consecuencia de ello del porvenir de las sociedades democráticas.

7. Los ciudadanos deben conocer las implicaciones del modelo de desarrollo hegemónico en su país. Una auténtica democracia no es compatible con un modelo orientado al crecimiento económico, la competitividad y la rentabilidad.

8. No podemos esperar la participación activa y deliberante de los estudiantes en la actual crisis si no les garantizamos una formación como ciudadanos en una sociedad democrática. Su mirada estrecha sobre la democracia (que se reduce al tema de sufragar o no) es el espejo en el que vemos reflejados nuestros logros en esta materia.

9. Sólo ciudadanos en el ejercicio de sus derechos están en capacidad de defender la universidad como bien público e incidir en sus transformaciones. Estos ciudadanos deben ser formados en la escuela (a lo largo de todos los niveles), en el marco de una educación para la ciudadanía democrática.

10. La políticas neoliberales se ocultan bajo el paradigma de una falsa democracia
—o democracia fetiche—, que pretende reducir las libertades al libre mercado.

11. Parásita de la democracia, la educación para la rentabilidad quiere reducir cada vez más los espacios de igualdad y oportunidades y trastocar los valores que caracterizan una sociedad democrática para que el capital económico prime como interés fundamental y defina las políticas de acción en el sector de la educación a través de la configuración de un capital cognitivo.

12. El modelo de educación para la rentabilidad —que forma parte del modelo de organización social de la competitividad—, encontró en la sociedad democrática un escenario de   desarrollo que implica — necesariamente— ir minándola poco a poco. Corresponde a quienes no compartimos los ideales y valores de ese modelo, aprovechar lo que queda de democracia para fortalecer los principios de una educación para la ciudadanía democrática.

13. Democracia y artes-humanidades se precisan mutuamente.

14. La educación humanística permite educar desde el reconocimiento de la diferencia, el respeto y la comprensión; asume las relaciones humanas como parte de un entramado complejo en el que se conjugan pensamiento y emoción; reconoce el valor de la pluralidad al interior de la sociedad y permite evaluar la toma de decisiones considerando el modo en que éstas afectan a las otras personas.

15. Aunque los cambios que está teniendo la educación no han sido el resultado de una decisión consciente, ni hemos analizado suficientemente sus implicaciones; tales transformaciones están limitando nuestro futuro.

16. Uno de los problemas más graves de la crisis de la educación para la ciudadanía democrática es que, como sociedad, hemos interiorizado una serie de valores de los que en realidad no somos conscientes. En una suerte de círculo que se cierra sobre sí mismo, la educación produce mentes dóciles que no cuestionan los cambios; cambios que sólo se podrían revertir si existieran ciudadanos con capacidades como las que describe Martha Nussbaum en su libro.

17. No existe una oposición entre ciencias y humanidades. Una práctica idónea de las llamadas ciencias exactas y de las ciencias sociales debería estar impregnada del «espíritu de las humanidades (…) que aparece con la búsqueda del pensamiento crítico y los desafíos de la imaginación, así como con la comprensión empática de una variedad de experiencias humanas y de la complejidad que caracteriza a nuestro mundo» (Nussbaum).
 
18. La promoción de los valores socráticos, la formación de ciudadanos del mundo y la capacidad de situarse en el lugar del otro a través de la educación            humanística implican necesariamente que se trabaje con miras a una apropiación significativa de la cultura escrita por parte de los estudiantes en formación. Sin ser el único camino posible, la lectura y la escritura de textos de distintos géneros y modalidades constituyen espacios potencialmente ricos para el desarrollo de las habilidades requeridas para el ejercicio de la ciudadanía democrática. Esta apropiación de los conocimientos procedimentales de la cultura escrita (lectura desde la perspectiva de la organización del texto, activación de los conocimientos previos para leer, identificación de distintos enunciadores presentes en un texto y sus correspondientes puntos de vista, confrontación de posturas distintas ante asuntos que requieren ser debatidos, formulación de argumentos autónomos y debidamente estructurados, etc.), forma parte de la educación humanística que debemos fortalecer en contra de la tendencia dominante, producto de la primacía del modelo de educación para el crecimiento económico.

19. La educación debe ser educación para la ciudadanía democrática. Nuestra apuesta: aprovechar lo que queda de democracia en nuestras sociedades para salvar la democracia.




Extraído de:
Educación significa “educación para la ciudadanía democrática”1
Giovanna Carvajal Barrios
Profesora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle. Comunicadora Social y Licenciada en Música, Magíster en Comunicación y Diseño Cultural. Actualmente realiza el doctorado en Ciencias de la Educación de Rudecolombia-Universidad Tecnológica de Pereira.

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