martes, enero 13, 2015

Educación de la mano de la democracia, desde la formación humanística y artística

¿Para qué necesitamos las escuelas? Si bien nadie discute sobre la importancia de la Calidad Educativa ¿Hacia dónde debemos apuntar? ¿Qué calidad necesitamos? En esta publicación, la autora nos resalta el punto de vista de una escuela orientada hacia la construcción de una democracia real para la sociedad.

Para Marta Nussbaum, la crisis mundial que vivimos en materia de educación tiene que ver con el desplazamiento de las materias y carreras relacionadas con las humanidades y las artes, las cuales día a día pierden terreno tanto en los currículos como en las aspiraciones y expectativas de los alumnos y sus familias.

Este cambio tajante en lo que se enseña a los jóvenes en las sociedades democráticas hace que se dejen de lado (sin que seamos muy conscientes de ello) un conjunto de aptitudes necesarias para que una democracia perviva. Según la autora, actualmente predomina la tendencia a producir generaciones de máquinas utilitarias y no ciudadanos con capacidad de: (a) pensar autónomamente, (b) tener una mirada crítica frente a las tradiciones, y (c) situarse en el lugar de los otros para comprender sus logros y sufrimientos. Para ella, las consecuencias de esta transformación no se han analizado suficientemente.

Uno de los ejes que articulan el planteamiento de Martha Nussbaum es la relación estrecha entre educación y democracia, dicha relación se pone de presente cuando vemos que el fortalecimiento o el debilitamiento de la democracia dependen de lo que se defina como prioridades en la educación. Es precisamente esta relación la que nos permite entender que cuando la autora habla de crisis de la educación lo hace pensando en una educación para la democracia, de la mano de las humanidades y las artes, y no de una educación para la rentabilidad, que desconoce y debilita los valores y metas de la democracia.

¿Qué significa educar para una sociedad democrática y para el ejercicio de la ciudadanía? Martha Nussbaum nos da una pista para responder este interrogante, cuando retoma a Alcott y Tagore, quienes definen la palabra alma como el conjunto de «facultades del pensamiento y la imaginación, que nos hacen humanos y que fundan nuestras relaciones como relaciones humanas complejas en lugar de meros vínculos de manipulación y utilización». En ese sentido, es necesario que, al vivir en sociedad, estemos formados para concebir «nuestra persona y la de los otros de este modo, imaginando mutuamente las facultades internas del pensamiento y la emoción». De lo contrario, «la democracia estará destinada al fracaso, pues ésta se basa en el respeto y el interés por el otro, que a su vez se fundan en la capacidad de ver a los demás como seres humanos, no como meros objetos»).

Sin desvalorizar la calidad educativa en ciencia y tecnología, Nussbaum, reivindica en su libro aquellas «capacidades vitales para la salud de cualquier democracia y para la creación de una cultura internacional digna que pueda afrontar de manera constructiva los problemas más acuciantes del mundo». Dichas capacidades están vinculadas directamente con la formación que aportan las artes y las humanidades, y son las siguientes:

a) Capacidad de reflexión y pensamiento crítico para una democracia viva y en estado de alerta.

b) Facultad para pensar en la variedad de culturas, grupos y naciones en el contexto de la economía global y de las interacciones entre grupos y países, lo cual resulta indispensable «para que la democracia pueda afrontar de manera responsable los problemas que sufrimos hoy como integrantes de un mundo caracterizado por la interdependencia».

c) Facultad para «imaginar con compasión ante las dificultades del prójimo».

Estas capacidades, que Nussbaum describe e ilustra a lo largo del libro, se encuentran en peligro de «perderse en el trajín de la competitividad»; como se verá más adelante cuando se presente el contraste entre dos modelos de educación antagónicos, y posteriormente cuando con Boaventura de Sausa Santos veamos los efectos de la implementación de la globalización neoliberal en las políticas de educación de los países del tercer mundo.

En síntesis, la autora sostiene a lo largo de su libro que tanto las humanidades como las artes son fundamentales en todos los niveles de la educación; y que pese al valor extraordinario que poseen ambas se encuentran en grave peligro, poniendo en riesgo, a su vez, el futuro de la democracia. Como parte de su argumentación, realiza un contraste entre un modelo de educación para el crecimiento económico y un modelo de educación para la ciudadanía democrática.




Extraído de:
Educación significa “educación para la ciudadanía democrática”1
Giovanna Carvajal Barrios
Profesora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle. Comunicadora Social y Licenciada en Música, Magíster en Comunicación y Diseño Cultural. Actualmente realiza el doctorado en Ciencias de la Educación de Rudecolombia-Universidad Tecnológica de Pereira.

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