miércoles, abril 03, 2013

Calidad Educativa, formación del profesorado y convivencia

Una de las dimensiones importantes de la Calidad Educativa, pasa por el Docente, otra por la convivencia ¿Qué docente buscar? ¿Qué tipo de convivencia debe promover? ¿Cómo actuar para buscar el camino de la Calidad Educativa? ¿Cuál debe ser su actitud frente al tema de la convivencia?

La formación del profesorado
Uno de los ejes vertebradores de la calidad del sistema educativo, lo constituye el profesorado. El profesorado ha de poseer una cualificación acorde con las funciones y rendimientos que de él se esperan, estar motivado, ser responsable, resolver conflictos y disonancias cognitivas...mediador de aprendizajes, como escribía Feuerstein. La satisfacción del profesorado constituye en sí misma una finalidad, en cuanto que se relaciona con la calidad de la vida docente del centro

Según Rodriguez Diéguez, la formación del profesorado es "la enseñanza profesionalizadora para la enseñanza". De esta forma representa otra dimensión de la enseñanza como actividad intencional, que se desarrolla para contribuir a la profesionalización de los sujetos encargados de educar a las nuevas generaciones.

Medina y Dominguez abogan por una imagen del profesor como sujeto reflexivo e innovador. Consideran la formación del profesorado como la preparación y emancipación profesional del docente para elaborar crítica, reflexiva y eficazmente un estilo de enseñanza que promueva un aprendizaje significativo en los alumnos y logre un pensamiento -acción innovador, trabajando en el equipo para desarrollar un Proyecto educativo de Centro.

Estamos de acuerdo con Marcelo García en que la formación del profesorado ha de conducir a una adquisición, perfeccionamiento, y enriquecimiento de la competencia profesional del docente, que se implica en la tarea de la formación. En palabras del autor:
"la formación del profesorado es el campo de conocimiento, investigación, y propuestas teóricas y prácticas, que dentro de la didáctica y organización escolar, estudia los procesos mediante los cuales los profesores se implican individualmente o en equipo, en experiencias de aprendizaje a través de las cuales adquieren o mejoran sus conocimientos, destrezas y disposiciones, y que les permite intervenir profesionalmente en el desarrollo de la enseñanza, del currículum y la escuela, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación que reciben los alumnos".

Pero la calidad del profesorado no se agota en el conocimiento de unos contenidos de su área: posee métodos y estrategias de enseñanza -aprendizaje, una formación didáctica.. Es un especialista en su materia, pero necesita otro tipo de formación.

Nos estamos refiriendo al dominio de habilidades y destrezas que incluyan la formación psico- pedagógica, cualidades que encuentran hoy escaso espacio de reflexión y análisis en la formación del profesorado. Esto indica como plantea Schön, que el profesor " debe saber, saber hacer, saber hacer moralmente bien y reflexionar sobre su acción". El profesorado es la clave definitiva del cambio educativo y la mejora de la escuela. Debe poseer unos rasgos personales ( estabilidad emocional, capacidad de adaptación, motivación...) y unas competencias ( formación científica y pedagógica, ser agente de animación educativa, un mediador de aprendizajes..

Las aulas y los centros se han vuelto más conflictivos y el profesorado percibe que los padres han delegado en ellos funciones formativas que cumplía la familia.

Estamos ante el reto de formar al profesorado en técnicas de gestión del aula, de aprendizaje cooperativo, porque no debemos olvidar que lo que ocurre en el aula es un reflejo de lo que ocurre fuera de ella. Abogamos por una educación en valores encaminada al logro de cotas de comunicación e interacción humana.

Educar la convivencia
Entre los diferentes indicadores de calidad en el sistema educativo es necesario destacar la convivencia en los centros escolares. Tratar de averiguar qué es lo que sucede en las instituciones escolares es una de las metas de la mayoría de los investigadores de la educación. Pero como afirma Jackson, "cualquier mirada a su interior siempre está condicionada por las teorías sobre el currículum y metodologías que existen en cada momento socio-histórico".

En la actualidad están proliferando situaciones que evidencian una profunda preocupación en relación con el clima de convivencia en los centros educativos. Se percibe por parte de la población escolar un incremento progresivo de los comportamientos de indisciplina en el contexto escolar. Es un tema de plena actualidad constatándose la existencia de un clima de preocupación.

El profesorado se queja del aumento de las conductas de indisciplina, de las dificultades de mantener el orden, pero hemos de ser conscientes de la escasez de propuestas orientadas a generar en los centros un clima de convivencia escolar. La mayoría de las propuestas son programas de intervención en la línea de modificación de conducta. Los conflictos no sólo deben ser analizados por la transcendencia que tienen en sí mismos, sino también porque pueden afectar seriamente a la calidad de la enseñanza que es uno de los principales objetivos del Sistema Educativo.

La convivencia implica a toda la Comunidad Educativa, por lo que la solución del problema de la indisciplina debe tratarse de forma sistemática desde diferentes ámbitos educativos creando conciencia de bienestar colectivo.

El hecho es que a la escuela se le pide que forme, que enseñe a vivir en una sociedad comprometida, con unos valores democráticos. En palabras de Pérez Juste" que prepare a las nuevas generaciones para afrontar los desafíos de su tiempo". Debe favorecer ambientes educativos, donde el respeto a los demás dé como fruto una convivencia sustentada en valores sociales y morales. Pero esta realidad debemos construirla activa y participativamente. Aprender a convivir, es un proceso, un aprendizaje que debemos ir integrando y cultivando de forma natural en nuestras aulas.

El respeto al otro, la ayuda desinteresada...exige que todos los que conviven acepten unas normas básicas de convivencia, nacidas desde ellos mismos, ejercitadas, mantenidas y vividas día a día. El buen clima del centro no se improvisa, se hace, se construye. Forma una parte esencial de la calidad de vida de las personas implicadas en el proceso educativo.

Tal como avalan reflexiones teóricas e investigaciones científicas un buen sistema de convivencia está presente en aquellos centros percibidos como excelentes. Está relacionado con un mejor rendimiento educativo, tanto en lo que respecta a los contenidos académicos más tradicionales como, muy especialmente en lo referido a resultados de orden afectivo, y de desarrollo social y personal. Pensamos que la existencia de un clima positivo favorece el trabajo y las relaciones constructivas entre los miembros de la comunidad.

Diversos estudios muestran la relación moderada entre el clima del centro y los resultados educativos: muy especialmente en lo referente a los resultados afectivos .

Sackney al revisar las características de los centros eficaces señala como uno de los elementos más importantes la existencia de un clima que conduce al aprendizaje ; donde se mantiene una moral y autoconceptos altos, debido a que se responsabiliza de forma activa a los alumnos, hay reconocimientos e incentivos, y la conducta de los alumnos se juzga con justicia y consistencia. Así mismo se invita a participar a las familias y a la comunidad educativa para que ayuden al mantenimiento del buen ambiente escolar.

Pero... ¿Qué ocurre cuando la convivencia escolar se rompe? Surgen los casos de indisciplina. Conseguir un ambiente favorable para la convivencia, va íntimamente ligado a unas formas de hacer específicas, tanto dentro como fuera del aula. Los procesos de orden, de disciplina de respeto, se han de apoyar en una organización escolar que favorezca su realidad y que se refiera a un clima del centro y de aula positivo. El clima del centro debe basarse en unos principios que valoren al sujeto en su complejidad y que hagan énfasis en el carácter educativo de la escuela.

Convivir es compartir, y para avanzar en ese camino, hay que fomentar la participación. No se trata solamente de más o menos disciplina, sino de caminar hacia unos centros con un clima positivo ya que el clima escolar influye sobre las actitudes y comportamientos de los diferentes grupos integrantes del centro, condiciona e influye sobre las conductas de las personas, teniendo un impacto sobre la convivencia de los centros, el logro de sus objetivos y la satisfacción de sus miembros. Sólo en un clima social positivo surgen y se desarrollan fenómenos como el compromiso, la motivación e implicación.

Cuando ante problemas de convivencia culpamos al sistema como tantas veces se oye, poco avanzamos en el camino de la solución. El Sistema educativo puede y debe ser revisado, siempre que sea necesario, pero recurrir constantemente a él para explicar la conflictividad manifiesta una falta de precisión. Ante tales actitudes recordamos las palabras de Unamuno en su obra Sobre la soberbia de la vida:
"... a los hombres que pasan la vida rumiando la miseria humana, preocupados por no caer en tal o cual abismo. Llega a ser, dice, enfermedad terrible que produce verdaderas úlceras en el estómago espiritual".

La convivencia escolar significa entender la educación como formación para vivir en democracia; asumir la tolerancia, el respeto, el diálogo y participación como principios que han de regir la vida. Nuestra sociedad está impregnada de lo que Johan Gatung denomina " violencia cultural".

La existencia de relaciones de respeto, trabajo cooperativo, la presencia de unas normas claras, consensuadas y aceptadas, la implicación de todos en la vida del centro y del proceso educativo, son factores que contribuyen a una mejor convivencia.

Sin embargo las instituciones educativas, se ven desbordadas para atender la complejidad de situaciones que nacen en sus aulas y en ocasiones entre sus miembros, en gran medida, como consecuencia de la sociedad en la que se inserta nuestra escuela. Nos hallamos inmersos en la sociedad de la posmodernidad, del consumo, caracterizado por " todo vale" y por una inexistente cultura del esfuerzo. El principio que impera es el de la rentabilidad, es decir, obtener el máximo beneficio con el menor coste. Los valores dominantes que regulan la actuación de los sujetos en nuestra sociedad y que recogemos siguiendo a Pérez Gómez son los siguientes: conformismo social, individualismo competitivo, rentabilidad y eficiencia, consumismo.

Evidentemente estas circunstancias sociales son elementos que pueden contribuir en gran medida a la "ruptura" de la convivencia . ¿Qué hacemos para convertir nuestros centros en espacios adecuados para el aprendizaje de la convivencia en el marco de la democracia?

Galtung define la violencia como "algo evitable que obstaculiza la autorrealización humana". Es el recurso a la agresión, a la ofensa, al insulto, es la ansiedad de adquirir poder y de aparecer como dominador sobre personas, recursos o naciones. La violencia en los centros constituye una grave amenaza a nuestro sistema escolar. El centro debe asumir la gestión de la convivencia en las aulas, ya que el aprendizaje de la misma, por parte de los alumnos constituye una tarea ineludible.

Los episodios de violencia, agresiones, amenazas... expresan el malestar en el corazón de la sociedad. La violencia proviene de nuestras casas, mass media, espacios abiertos...pero que en absoluto es nueva, sino que es parte de la estructura de la convivencia social.

Ante estas reflexiones nos preguntamos ¿qué podemos hacer? Ante los problemas de disciplina, cierta desmotivación del profesorado...vamos a dibujar algunas claves para la construcción de la convivencia.

Potenciar actitudes favorables hacia la convivencia basada en la aceptación de la diversidad, la tolerancia y la responsabilidad. La responsabilidad según Escámez y Gil puede ser enseñada y aprendida, definiéndola estos autores como "aquella cualidad de la acción que hace posible que a las personas se les pueda demandar que actúen moralmente". Potenciar la formación del profesorado, tanto inicial como continua, abarcando aspectos que sobrepasen la preparación estrictamente académica, y que le permitan atender a la creciente diversidad del alumnado.

La colaboración y el espíritu de equipo entre el profesorado resulta vital en el desempeño de la profesión docente. Pensamos que no existe un centro de calidad sin espíritu de equipo.

La necesidad de introducir habilidades sociales en el curriculo. Monjas las define como “las conductas necesarias para interactuar y relacionarse con los iguales y los adultos de forma efectiva y mutuamente satisfactoria".

La participación de la familia. La principal respuesta a la indisciplina está en los padres No debemos olvidar que la familia es escuela de aprendizajes.

Promover un clima de tolerancia, de aceptación al otro, de respeto, donde se puedan desarrollar fórmulas no violentas de resolución de conflictos, con unas normas claras, consensuadas y aceptadas por todos.

No podemos esperar que las cosas cambien por sí mismas, ya que la solución la tenemos todos en nuestras manos. Compromiso, implicación, y acción son las claves para conseguir la convivencia y el bienestar social.


Autores
Gómez Ocaña, Concepción; Matamala Salcedo, Rosa & Alcocel Cardona, Teresa.
La convivencia escolar como factor de calidad.
Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado. 

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