viernes, marzo 01, 2013

Visión Empresarial de la Calidad Educativa

Consecuentemente con el avance del capitalismo, trae consigo al neoliberalismo y su correlato en Educación ¿Puede asimilarse la Educación a una mercancía más? ¿A qué se llama “Calidad Educativa” desde esta posición? ¿Depende exclusivamente de los docentes?

En los últimos diez años se ha estado introduciendo prácticamente en todo el mundo una visión de la calidad educativa proveniente de la nueva cultura empresarial, en donde se propone transformar los sistemas educativos desde la perspectiva de la calidad total, caracterizada por el enfoque centrado en el cliente y por una política de cero errores.

Esta propuesta de procedencia empresarial que busca alcanzar la calidad total en las escuelas ha sido aplicada en varios contextos escolares con trabajos de adaptación a las circunstancias educativas, en algunos casos poco elaborados y prácticamente sin el proceso de adaptación; pero también se han producido trabajos serios que se proponen adaptar esta propuesta al contexto escolar, considerando que la escuela posee una serie de características y circunstancias particulares que obligan a realizar la adaptación desde adentro, desde el propio plantel, bajo un esquema basado en la autonomía escolar.

Estos proyectos han originado una serie de resistencias y, por otra parte, de expectativas fantásticas respecto a los resultados. En los casos en que estos programas ven el asunto de la calidad de las escuelas solo en términos de eficiencia y eficacia es cuando tienden a erosionar el terreno educativo, pues no consideran las características propias de los planteles escolares.

En este sentido, se han formulado varias críticas que habría que considerar, una de ellas se aprecia en la afirmación de Hackman y Wageman, en relación a que el discurso de la calidad es: “Un discurso moral que apela a la responsabilidad de los actores respecto al funcionamiento, culpabilizándolos de sus crisis o fracasos e induciéndolos a que sean más productivos”.

Es reveladora la sentencia de estos autores, porque una de las cuestiones que queda clara cuando se adopta el esquema de la calidad total en las escuelas es que se despliega una obligación moral que cae sobre el personal de la escuela. Como estos programas de mejoras son voluntarios, quien decide no participar, y constituye una minoría, queda atrapado en una presión de grupo, manifiesta o latente, bajo el argumento de la responsabilidad; es decir, en la decisión de participar o no hacerlo en un programa escolar de mejora, siempre se hace presente el asunto de la responsabilidad profesional, o se apela al sentido de responsabilidad para convencer a quienes no desean participar, o quienes expresan dudas o incluso resistencias en torno a la viabilidad de estos programas; y por otra parte, si se participa, pero no se obtienen los resultados deseados, se hacen revisiones del funcionamiento y rápidamente se llega a la conclusión de que son quienes participan en el sistema los responsables de hacer mayores esfuerzos para ajustar el proceso y conseguir el producto esperado, en un ejercicio de responsabilidad; resulta más difícil que se cuestione la falibilidad del sistema o la posibilidad de implementar en escenarios particulares.

Otro aspecto muy discutible en algunas adaptaciones de la administración de la calidad total a la educación se localiza en el hecho de que esta perspectiva se centra en la satisfacción del cliente, y en el campo educativo es necesario preguntarse quién es el cliente: ¿El alumno? ¿El padre de familia? ¿El profesor? ¿Los directivos escolares? o ¿Los políticos que operan el sistema educativo nacional?, porque no se requiere el mismo plan para satisfacer al alumnado que a los padres de familia, aunque en la actualidad se está trabajando en educación básica para satisfacer el resultado de los exámenes censales.

Algunas de las críticas al sistema de calidad total señalan que es un modelo vertical en el que el liderazgo corre a cargo de los directivos, de la alta gerencia, dicho en términos empresariales; de esta manera se restan posibilidades de liderar en el mismo tenor a quienes se encuentran en labores operativas, como son los profesores. Esta misma característica rompe con la propuesta de escuela democrática, de más amplia aceptación en los círculos profesionales y académicos, ya que es fácilmente compatible con la visión centrada en el respeto a los derechos humanos, a los valores universales y a la educación para la paz, que descansan sobre una concepción democrática de operar las prácticas escolares, más que en la guía de las acciones de equipos de líderes. Nos parece que el liderazgo que ha de impulsarse en las escuelas es la noción de liderazgos colectivos: sin tanta distinción de jerarquías, el liderazgo lo establecen las capacidades y las aportaciones de las personas, no los puestos o los cargos. Esta visión coincide con lo expresado por González, cuando afirma que a los docentes se les resta importancia, pero no en la literatura académica, ni en la investigación educativa, agregaríamos, sino en las políticas educativas. El modelo de la calidad total no contribuye a mejorar la imagen del profesor como agente reflexivo y propositivo en educación sino, más bien, como afirma Aguerrondo:
La aparición del concepto “calidad de la educación” se produjo históricamente dentro de un contexto específico. Viene de un modelo de calidad de resultados, de calidad de producto final, que nos pone en guardia, sobre todo, del hecho de que bajo estas ideas suelen estar los conceptos de la ideología de eficiencia social que considera al docente poco menos que como un obrero de línea que emplea paquetes instruccionales, cuyos objetivos, actividades y materiales le llegan prefabricados, y en el cual la “calidad” se mide por fenómenos casi aislados, que se recogen en el producto final.

Esto ocurre cuando se mira la calidad desde la perspectiva de la eficacia y la eficiencia, restándole importancia a las particularidades que cada escenario escolar tiene implícitas.

Por otra parte, sería un grave error considerar la calidad de la enseñanza solo como lo hecho por el profesor. Si bien resulta central lo que ocurre en el aula, no debe perderse de vista que la educación es un proceso mediado por varios factores, como son la gestión y la organización de la calidad globalmente considerada, lo que conlleva a vislumbrar el asunto de la calidad como un sistema que requiere la integración de varios elementos cuya valoración se puede de calidad sin hablar de los procesos y de todo el análisis de los mismos.

Al parecer, los modelos de evaluación educativa actuales prescinden de estas dimensiones (que resultan de primer orden cuando se realiza el análisis de un sistema educativo) y se centran por otro lado solo en cuantificar el número de aciertos en los exámenes de opción múltiple, con todas las limitantes que estos instrumentos de medición presentan.

Fullan propone que estos cambios necesarios en el sistema educativo sean llevados por medio de la reculturización, más que por la reestructuración, esto es, que sean promovidos e introducidos por la vía de un liderazgo académico, por medio de la legitimación de un modelo producido, aunque sea en parte e impulsado por el centro escolar y no por medio de la autoridad y el poder legal. Nos parece que una elección correcta entre estas dos opciones: una propuesta vertical que desconoce las necesidades del personal de la escuela y un modelo adaptado a las circunstancias, la cultura y las identidades escolares, que aporte autonomía al centro escolar, sería determinante en el éxito de una propuesta por la calidad educativa.

Por tal, se deben propiciar modelos basados en una evaluación participativa, localizada y negociada, en donde se garantice la participación consciente de todos los integrantes de la comunidad educativa. Estos debieran ser los paradigmas que rijan los próximos intentos de evolución de la calidad de la educación.


Autores
José Francisco Miranda Esquer
Maestro en educación, campo formación docente por la Universidad Pedagógica Nacional.
Jesús Bernardo Miranda Esquer
Doctor en educación por la Universidad Autónoma de Sinaloa.
En
EDUCERE • Artículos arbitrados
Año 16, Nº 53 • Enero-Abril de 2012 • 43 52

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