viernes, febrero 22, 2013

Dificultades en la definición el concepto Calidad Educativa

¿Cuáles son los obstáculos que impiden la formulación de un único concepto de “Calidad Educativa? ¿Se debe atender a procesos o resultados? ¿En qué consiste la complejidad del concepto? ¿Qué dimensiones se pueden considerar? ¿Qué puntos de vista son atendibles?

Una de las principales características de la calidad en la educación es su dificultad para definirla y conceptualizarla, debido a que, como señalan Martínez y Santos, resulta ser un concepto relativo y dinámico; o como lo indica Aguerrondo, es un término altamente referencial, es decir, las personas y las instituciones hablan y definen la calidad a partir de su visión o de su campo de acción. Lo anterior tiene como base la certeza de que la calidad en la educación es una idea que se encuentra histórica y socialmente determinada, esto es, cada época debe responder a una serie de requerimientos particulares y cada sociedad tiene el compromiso de crear una educación que responda a tales requerimientos particulares.

Sin embargo, a pesar de esta relatividad, algunas instituciones han tratado de explicitar qué ha de entenderse por calidad de la educación, con la intención de compartir significados comunes sobre el asunto. En este intento, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en su tesauro, define la calidad de la educación como: “Nivel alcanzado en la realización de los objetivos educativos”. Esto supone la existencia de niveles en el logro de la calidad educativa, lo que nos remite a la medición o valoración de la calidad para determinar dichos niveles; resalta la visión teleológica en la definición del término, orientada a resultados.

Por otra parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define la educación de calidad como aquella que: “Asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades destrezas y actitudes necesarias para equiparles para la vida adulta”.

Esta definición posee una mayor carga de pragmatismo, en el sentido de visualizar la educación como un instrumento destinado a formar para la vida o para la ciudadanía, como se menciona en la actualidad; sin embargo, hay una diferencia enorme entre equipar para la vida a un niño o niña en una pequeña comunidad rural, que a uno que vive en un lujoso fraccionamiento de la ciudad de Monterrey, desde la visión bourdieuana de habitus (Bourdieu). Estas diferencias se relacionan con el capital cultural escolar, es decir, los factores socioculturales y económicos, que tienen una influencia sobre el aprendizaje de los alumnos y que, por supuesto, no deben ignorarse, porque existe evidencia de su correlación con el logro académico. Sin embargo, por otro lado y desde las políticas educativas, también se habla de estrategias compensatorias para paliar o disminuir estas diferencias, a fin de lograr la mayor equidad posible.

Otro aspecto que es necesario considerar desde esta definición de calidad educativa es el modelo de sociedad que se tiene en mente a la hora de educar, ya que no es lo mismo esta sociedad actual que construir un modelo en el que haya mejores oportunidades para todos, es decir, es necesario considerar los objetivos de la educación, el para qué educar, y, en función de esta definición, resulta necesario pensar en un concepto adecuado de calidad.

Una propuesta que resulta interesante es la que formula la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC), en relación a las dimensiones que sería necesario considerar a la hora de pensar en la calidad de la educación. Estas son: respeto de los derechos, relevancia, pertinencia, equidad, eficiencia y eficacia de la educación. Tales dimensiones pueden ser tomadas como guías para pensar o para cuestionarse en qué medida se cumple con estos requisitos para evaluar la calidad de la educación. Desde nuestro punto de vista, más que definir un concepto para un asunto tan complejo y diverso como este, es necesario formular, como lo hace la OREALC, claves orientadoras que posibiliten la definición de la educación de calidad, adaptables para distintos contextos educativos.

En relación con la definición del término existen varias posturas y controversias; sin embargo, lo que nadie parece objetar es que es necesaria una educación de calidad para promover el desarrollo dentro de las distintas dimensiones, en los niveles personal, regional estatal y nacional. Las diferencias comienzan desde el momento en que es necesario decir en qué se piensa cuando se habla de calidad educativa.

El Instituto Nacional de Evaluación Educativa nos bosqueja la idea de las diferentes imágenes que suelen desarrollar padres de familia y profesores respecto al término calidad, encontrando que los padres de familia frecuentemente expresan este concepto a través de palabras como: armas para que los alumnos tengan una mejor vida, transmitir conocimientos, la asistencia de los maestros a la escuela, realizar todas las tareas del libro. Puede notarse que en una de las referencias se menciona la labor de los maestros como indicativo de calidad, cuando se cita la asistencia de los docentes.

Por otra parte, los profesores expresan el significado de calidad educativa a través de palabras como: el apoyo que los padres de familia aportan a sus hijos en las tareas escolares y en su responsabilidad respecto a la escuela, las calificaciones sobresalientes de los alumnos, la responsabilidad de las partes involucradas en el proceso educativo, la disciplina de los alumnos, los alumnos estudiosos como testimonio de calidad educativa y los recursos económicos que la escuela puede ejercer. En este caso, los profesores aluden a los padres de familia cuando hablan del apoyo de estos hacia las cuestiones escolares.

Llama la atención que en estas representaciones del término se establece una especie de fuego cruzado; es decir, si se les pregunta a los padres, mencionan a los docentes y, si se les pregunta a los profesores, mencionan a los padres como responsables o corresponsables de promover la calidad educativa. Resulta curioso que ninguno de los dos actores hable de sí mismo como responsable de imprimir calidad a la educación; la responsabilidad se transfiere a terceras personas. En este sentido, resultaría interesante preguntar quiénes son los responsables del logro académico de los alumnos. Probablemente, las respuestas no implicarían a terceros actores.

Otro aspecto que podemos resaltar en torno a la percepción de calidad educativa es el relacionado con la influencia del marco de referencia desde el cual se visualiza un objeto de la realidad. Lógicamente se generan percepciones atadas a la parcela de realidad con que se tiene contacto; es decir, se presenta una especie de centración, en los términos en que Piaget describiría el egocentrismo. De ahí la insistencia de algunos autores, en la necesidad de buscar consensos en torno a un concepto de calidad que pueda ser compartido, comprendido y aceptado por varios actores sociales. De esta manera, es de primera importancia que, al hablar de calidad educativa, se construya una definición consensuada ampliamente a partir de definir cuáles podrían ser los componentes principales al hablar de educación de calidad; esto por lo menos en los contextos escolares y quizá regionales, en donde resulta más operativo establecer acciones desde la gestión educativa. Como se dijo líneas arriba, cada actor social ubica la calidad desde su particular visión de la realidad. Por ello, lo que tendría que hacerse precisamente es establecer diálogos educativos para acordar y promover entre alumnos, padres de familia, docentes y otros actores sociales que influyen en la calidad en educación, cuáles han de ser los elementos constitutivos de esta definición, o como señalan Muñoz y Biel: “El estudio de la calidad no puede hacerse independientemente de la percepción de los sujetos ante el proceso educativo, no tiene sentido un análisis de la educación que no tome en cuenta el sentir y las actitudes de los actores en ella involucrados”.

Desde esta mirada no resultan tan válidas las definiciones producidas en las instancias gubernamentales, que se propagandizan de manera vertical a través de las estructuras oficiales y los medios de comunicación, empleando materiales escritos, anuncios en radio, televisión y otros medios, por los cuales comunican ideas y definiciones en torno a asuntos educativos como la calidad de la educación. Estos mensajes parecen lejanos a la sensibilidad de las personas, y una consecuencia de esto es que resulta común ver entre profesores, padres de familia y directivos una especie de desconfianza hacia las políticas educativas y, concretamente, hacia las definiciones gubernamentales, pues se duda de la viabilidad y factibilidad con las que estas se plantean.

Al reflexionar desde una perspectiva crítica el tema de la calidad educativa, debemos retomar las condiciones socio-históricas que enmarcan las prácticas educativas concretas. En este sentido, Filmus plantea tres determinantes: los procesos políticos (el autoritarismo con que se imponen las políticas educativas), el referente económico (la desinversión educativa, que impacta en la precaria infraestructura de algunas escuelas) y el determinante social (la pobreza de millones ante la riqueza de unos cuantos, o bien, las zonas rurales marginadas ante las grandes ciudades). Al respecto, Fullan, retomando a Senge, sugiere que:
La solución consiste en el desarrollo de organizaciones de aprendizaje. En su último estudio, Senge y otros argumentan que un mandato o un decreto no sirven nunca para solucionar los problemas complejos; solo una orientación abierta resulta efectiva: Esto significa implicar a todos en el sistema para que expresen sus aspiraciones, adquieran conciencia y desarrollen sus capacidades conjuntamente. En una escuela que aprende, grupos que tradicionalmente han desconfiado entre sí –los padres y el profesorado, los educadores y las empresas locales, administradores y miembros de los sindicatos, individuos dentro y fuera de los muros de la escuela, el alumnado y los adultos– reconocen su responsabilidad común en el futuro del sistema escolar y todo lo que pueden aprender los unos de los otros.

Aunque Fullan en este extracto se refiere al cambio educativo, podemos extrapolar esta misma idea hacia la construcción del concepto de calidad educativa, pues lo que propone es la implicación entre los distintos actores sociales que participan en educación.

En síntesis, podemos afirmar que no puede prescindirse de las culturas particulares de los individuos; la cultura aporta a los distintos sectores una forma de mirar la realidad particular desde la identidad del actor y del círculo social al cual pertenece.


Autores
José Francisco Miranda Esquer
Maestro en educación, campo formación docente por la Universidad Pedagógica Nacional.
Jesús Bernardo Miranda Esquer
Doctor en educación por la Universidad Autónoma de Sinaloa.
En
EDUCERE • Artículos arbitrados
Año 16, Nº 53 • Enero-Abril de 2012 • 43 52

4 comentarios :

edwin braul gomero dijo...

Es muy interesante hablar de la calidad educativa, el cual es complejo, pero creo que todo se puede medir a través de indicadores. Primero empezar preguntandonos ¿A que ISO pertenece la educación: Iso 9000 2001 ?. construir los indicadores adecuados para cada nivel de educación.

Angie dijo...

Es importante hablar sobre la calidad educativa, pero resulta muy complicado por no tener criterios establecidos y qué estándares debemos objetar,pero lo importante como dice este documento es retomar concienzudamente cada uno de los actores el papel que debe desempeñar para realizar esa calidad educativa adecuadamente.

Federico Malpica dijo...

Estimados y estimadas colegas. Es un artículo muy interesante que pone de manifiesto la dificultad para acordar un término sobre calidad educativa, pero también señala algunas de las claves para llegar a él. Queda claro que sí contamos con referentes estables: las finalidades educativas, (función social de la enseñanza, o como decimos en Latinoamérica, perfil del egresado) por un lado y la concepción del aprendizaje (todo lo que las ciencias han aportado a cómo aprendemos las personas), por otro.


Con estos dos referentes podemos establecer los criterios e indicadores de la calidad educativa, que no pueden ser universales porque como bien afirman los autores del artículo, no es lo mismo lo que se pretende del alumnado cuando acabe la formación en un sitio o en otro, en un sistema educativo o en otro, en un entorno socioeconómico o en otro.


En el Instituto Escalae, nos gusta afirmar que la calidad es la coherencia entre las finalidades educativas prometidas al alumnado (sean las que sean), lo que se realiza en todas las aulas de todos los grupos y cursos para contribuir a cumplir dicha promesa, y finalmente, los resultados de aprendizaje de cada alumno y alumna, que se aproximen al perfil inicial prometido.


Un libro interesante que trata sobre estos referentes se encuentra en: www.calidadpracticaeducativa.org


Saludos cordiales.

Asociación Calidad dijo...

Excelente artículo, la Calidad Educativa es algo que hay que mejorar siempre.

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