viernes, octubre 19, 2012

¿Fracaso escolar o fracaso de la sociedad?


¿Para qué sirve educarse? ¿Es para mejorar la posición social? ¿Mantenemos una visión utilitarista de los aprendizajes? ¿Qué motivación existe en padres, alumnos y docentes? ¿Interesa aprender? ¿No será esta la usina que genera los obstáculos que impiden acceder al camino de la Calidad Educativa?



Detrás de las cifras de fracaso escolar existe en realidad un fracaso de la sociedad en su conjunto, que tiene una visión de la educación meramente utilitarista y no como un instrumento de la formación integral de la persona. Continuas modificaciones en la legislación educativa crean inestabilidad en el sistema educativo y cuando todavía no se ha desarrollado una ley, un nuevo gobierno aprueba otra, al considerar que la educación es un asunto clave de la acción política y de la toma de decisiones.


La sociedad ha cambiado de manera vertiginosa y ha disminuido el tiempo que padres y madres dedicamos a nuestros hijos e hijas, debido, entre otras causas, a los cambios en el tejido productivo y eco nómico y a la incorporación de la mujer al mundo laboral, que se traducen en dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. La televisión ha sustituido en muchos hogares al intercambio de opiniones y a la conversación entre los miembros de la familia. Niños y adolescentes pasan solos muchas horas, y cuando están acompañados no existe una comunicación fluida con sus padres. En ocasiones, los padres pagan una academia, en la cual, en general, el hijo recibe una instrucción no personalizada y desconectada de las actividades que se realizan en el colegio o instituto. Los padres tampoco entienden el mundo del adolescente, que, a menudo les resulta incomprensible.


Los alumnos, grandes protagonistas de la educación, en ocasiones tienen poco que decir de sus propios estudios. Nadie les consulta lo que quieren saber o lo que les interesa y se encuentran bregando con historias ajenas, que otros han pensado para ellos. Las grandes carencias de su quehacer cotidiano pasan, en algunos casos, por la falta de motivación y de interés.


En cuanto al profesorado, una de las cuestiones principales es la falta de vocación que invade a un sector de este colectivo. Hace años obtener una plaza de funcionario del Estado era muy valorado socialmente. Un ejército de licenciados abocados probablemente al desempleo vislumbraba una salida profesional haciendo un curso de adaptación pedagógica y obteniendo una plaza de profesor. Como consecuencia de ello muchos profesores, sin las herramientas pedagógicas para transmitir conocimiento y pasión por el mismo, dan clase en aulas de secundaria y se sienten desbordados ante situaciones de lo más variadas. Los alumnos también se dan cuenta de que a algunos profesores la educación y el alumnado les interesan poco. Raramente se ponen en lugar de los alumnos, y mantienen una relación jerárquica, donde las evaluaciones y los exámenes son las herramientas del profesor en esta interacción. Parece que aprender es secundario en este proceso.


Finalmente, la educación en general no indica ya un status elevado socialmente, ni tiene la consideración de antes. Hoy muchos licenciados están desempleados, mientras que obreros especializados tienen trabajo y un buen nivel económico. Muchos de estos especialistas son padres de alumnos que piensan que, si a ellos les fue bien, por qué han de esforzarse en los estudios sus hijos. En la actualidad, la educación sólo se valora en relación al dinero que puede proporcionar o las cosas que permite comprar. En una sociedad de consumo, la educación se vende mal.


"En la actualidad, la educación sólo se valora en relación al dinero que puede proporcionar o las cosas que permite comprar".




Extraído de
Padres y madres de alumnos y alumnas
Autor
Antonio López
Presidente de la Federación de APAs de Toledo (FAPA Toledo)


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