viernes, agosto 29, 2008

Cuba en la delantera

Un importante artículo de León Trahtemberg fue publicado en un diario peruano y me pareció digno de ser leído, al final me permito hacerle algunos agregados.

Cuba suele liderar los rankings de desempeño de los alumnos latinoamericanos en matemáticas y comunicaciones que emergen de las pruebas regionales que organiza Unesco. Así fue en 1997 y nuevamente en el 2007. Eso ha llevado a muchos a interesarse en su modelo e inclusive imaginar la posibilidad de replicarlo en otros países. Sin embargo, la experiencia educativa cubana no es replicable. Ella nació en el seno de la revolución comunista y se desarrolló en el contexto ideológico y político que ese país escogió. No es replicable en el Perú, como no lo es el modelo sueco, chino, ruso, alemán o finlandés. Lo qué sí se puede hacer es observar la experiencia, detectar sus fortalezas y preguntarse qué es lo que Perú puede aprender de esas experiencias a la hora de elaborar el modelo educativo peruano. En ese sentido, hay varias características de las cuales pueden aprender tanto el Sutep como el Ministerio de Educación (Ver las notas de una visita realizada por el Dr. Héctor Valdés, Director del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba, al Instituto de Evaluación Educativa de la Universidad Católica del Uruguay http://www.ucu.edu.uy/Default.aspx?tabid=1262)
Veamos algunas de esas características:



1). Las madres cubanas son atendidas en su salud durante el embarazo y junto con sus esposos participan del programa "educa a tu hijo" por medio del cual reciben orientación de los municipios para estimular a sus hijos con indicadores de logro esperados.


2). La jornada escolar es completa desde 1° hasta 9° grado, tanto para alumnos como para profesores, de 8:00am a 16:20pm, con almuerzo incluido.


3). No hay repitencia en primer grado para no dañar la autoestima de los niños y darles hasta dos años para completar el proceso de adquisición de la lectura y la escritura. La tasa de reprobación entre segundo y sexto de primaria es del 3% promedio.



4). Hay 20 alumnos por aula en primaria, 15 en secundaria básica (7°, 8° y 9°) –que es el nivel en el que se detectan mayores problemas de desempeño por parte de los alumnos- y 30 en el Bachillerato. 5). Un mismo maestro trabaja con el mismo grupo de niños de 1ero a 4to grado. En primaria y secundaria un único docente enseña todas las 12 asignaturas, apoyados por vídeos grabados por los mejores profesores de Cuba. En el presente se está iniciando un proceso de transición hacia un sistema intermedio de 3 o 4 docentes y áreas disciplinares.



6). Los estudios de pedagogía duran 5 años en los 17 Institutos Pedagógicos en los que se concentran los buenos formadores. El más grande tiene 50.000 estudiantes, los más chicos tienen 5.000. Esto significa que son pocas instituciones, con una importante acumulación de masa crítica y buenos formadores.



7). Cada maestro es visitado entre 8 y 12 veces en el año por un supervisor y es evaluado: Mal, Regular, Bien, Muy Bien, usando un instrumento de 50 indicadores comparables. Si sale "Mal" deja el aula y vuelve a la universidad. Si reincide, debe dedicarse a tareas administrativas, con menor remuneración. Si sale "Muy Bien" asciende a la categoría siguiente, o se mantiene en la más alta. Si es evaluado con "Regular", desciende a la categoría anterior, o se mantiene en la más baja.



Los resultados de las evaluaciones también tienen consecuencias en la remuneración. Existen tres grandes categorías salariales entre las que todos los docentes pueden cambiar cada año en función de la evaluación que recibieron. Si un docente es evaluado con "Muy Bien" asciende a la categoría siguiente, o se mantiene en la más alta si ya está en ella. Si un docente es evaluado con "Regular", desciende a la categoría anterior, o se mantiene en la más baja si ya está en ella. Por tanto, todos los años se producen cambios. También existe un pago por antigüedad de modo que se pueda retener en la escuela a los maestros con trayectoria que han evidenciado ser muy buenos. Si un maestro no está conforme con la evaluación que se le hizo puede apelar ante el Director Municipal.


8). Las decisiones de política se apoyan en la investigación y estudios empíricos, y en la posterior medición de los efectos.

En suma, ayuda notablemente contar con padres y maestros muy comprometidos y la existencia de un buen sistema de control profesional y social del maestro, que premie a los que hacen un buen trabajo y retire del aula a aquellos que no están a la altura del desempeño profesional esperable. Al final de cuentas, el sistema educativo existe para educar a los niños y ese debe ser el eje central de la evaluación de las acciones educativas de todos los demás protagonistas de la educación.

Fuente: El Tiempo de Piura (Perú) y diarios regionales, 24 08 2008 Foro Educación para Todos (EPT-Venezuela) Coalición venezolana en favor de una educación de calidad para todos http://www.ept-venezuela.org.ve/


A mi entender, para alcanzar una excelencia en lo referente a Calidad Educativa, en este caso manifestado por el rendimiento escolar, además de lo manifestado por el autor, es necesario lograr una victoria frente a la televisión, domesticando ese flagelo, y de contar con una sociedad que encarne determinados valores.

domingo, agosto 03, 2008

Educación, única garantía de inclusión social

Por Gustavo Martínez Pandiani (Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador)
Un estudio recientemente difundido por la Unesco arroja un dato tan perturbador como desafiante: la calidad de la educación en la Argentina ha caído dramáticamente en los últimos diez años… (Ver http://evaluacionesinternacionales.blogspot.com )

Estos datos deben encender una luz de alarma, no sólo entre gobernantes, docentes y estudiantes, sino en la sociedad toda. Mientras hoy los argentinos nos distraemos alrededor de conflictos que, aunque relevantes, no dejan de ser coyunturales, subsisten problemas mucho más profundos que comprometen el futuro de la nación y que no están siendo atendidos con suficiente ahínco.

Si bien el tema de las retenciones y la protesta agropecuaria constituyen situaciones que deben ser resueltas, se trata de dificultades de alcance acotado. Por el contrario, el notable déficit educacional que arrastra la Argentina desde hace décadas pone en juego nada menos que las posibilidades reales del país para insertarse con éxito en el siglo XXI.

En efecto, la más grave crisis que sufre en la actualidad la República Argentina no es de índole económica o política, sino axiológica. Se trata en rigor de un acelerado deterioro de los valores esenciales que sostienen al Estado y al propio tejido social. De allí que resulte absolutamente indispensable recuperar los principios rectores de la patria como proyecto de vida en común: la cultura del esfuerzo, la solidaridad, la igualdad de oportunidades y el compromiso con lo público.
Por ello, la mejor receta para superar los problemas nacionales de largo aliento se encuentra en el terreno de la educación. Sólo una firme apuesta por el mejoramiento de la calidad de la enseñanza abrirá la puerta hacia la reconstrucción axiológica que tanto necesitamos. Y es justamente la escuela -junto con la familia- el más propicio espacio para recuperar los valores perdidos.

No obstante, la educación debe ser considerada mucho más que la mera transmisión de contenidos y datos. Al tradicional paradigma pedagógico-didáctico debe sumársele, entonces, una mirada formativa más amplia, que transforme a la educación en una pieza clave para la inclusión social. En especial, que contribuya realmente a sacar a los individuos de la pobreza -material e intelectual- y los convierta en ciudadanos capacitados y dispuestos a ser protagonistas de la restauración del país.

En consecuencia, es vital tomar conciencia de que los subsidios y demás políticas asistenciales destinadas a los sectores más postergados de la sociedad son un aliciente necesario en lo inmediato, pero no representan una solución definitiva al problema de la pobreza. En esta nueva época, más que nunca, la Argentina debe recurrir a la educación como plataforma de rescate de los que menos tienen. No hay justicia social sin inclusión, y no puede haber inclusión sin un sistema escolar que sea equitativo para todos.

De igual modo, el crecimiento sostenido de la macroeconomía debe ir acompañado de un genuino desarrollo humano, tanto en lo individual como en lo colectivo. Resulta esencial así que la educación vuelva a ser el instrumento dinamizador de la movilidad social ascendente que supo ser en tiempos de nuestros padres y abuelos.

Para ello, el sistema educativo argentino requiere de una reforma integral que opere por lo menos en tres niveles. Por un lado, que recomponga la lógica de incentivos (premios y castigos, les decían nuestros mayores) que caracteriza a toda sociedad avanzada. En segundo término, que incorpore una mirada formativa en valores que fomente el sacrificio personal y genere los líderes que tanto necesita el país. Y, finalmente, que brinde a los jóvenes herramientas concretas para afrontar con compromiso social los desafíos del tercer mileno.

En definitiva, para superar el imperante paradigma del facilismo se necesitan maestros con autoridad, y escuelas que sean más que improvisados comederos y centros de distracción para niños y adolescentes.
…La Argentina del Bicentenario debe convertir a la escuela en su principal vehículo de inclusión social, al asumir el Estado la responsabilidad de desarrollar políticas públicas que aseguren una educación gratuita, equitativa y de calidad para todos los ciudadanos.

Agregados del autor del Post
Luego de aceptar las afirmaciones del autor, expresadas con claridad, a continuación sintetizo las coincidencias halladas, con lo expresado en mis blogs:

El rendimiento escolar del sistema argentino atraviesa un período de fuerte decadencia.

Esto constituye un problema a cuya mejoría debe involucrarse la sociedad toda.

Debemos entre todos recrear un Estado fuerte, capaz de imponer políticas educativas y económicas verdaderamente inclusoras, y no meramente asistencialistas..

Las políticas asistencialistas son imprescindibles a corto plazo, pero a la larga, la Educación es el único camino hacia la inclusión social. No habrá inclusión social sin inclusión educativa.

Además me permito agregar que las políticas económicas y educativas que tiendan a una equitativa distribución de las riquezas materiales y culturales deben darse en forma simultánea y urgente.

Por último, ante esta situación de crisis, es necesario instalar que toda evaluación en educación, desde las evaluaciones al sistema, hasta la de los alumnos, tienen por principal función la de establecer mejorías, no simplemente certificar.
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